Ya han pasado dos años desde el I FESTIVAL DEL PERDÓN. Por circunstancias personales, no hemos podido celebrar el segundo en el año siguiente, sin embargo, ahora comprendo por qué no pudo ser, y el por qué es ahora. Todos los que hemos estado involucrados en la realización del I FESTIVAL, tanto organizadores, como colaboradores y asistentes, guardamos en la memoria momentos de mucha intensidad energética, emocional, mental y física. Momentos de profundas transformaciones. El perdón se manifestó espontáneamente, de tal manera que las lágrimas, los aplausos, las sonrisas, las miradas profundas fueron testigos fidedignos de que la coherencia se había dado y todos juntos habíamos creado una ola expansiva de perdón. Nuestros cerebros y corazones se unieron y pudieron celebrar la libertad, pudieron ser testigos de que cuando perdonamos liberamos a un prisionero, y el prisionero somos nosotros mismos. Este trabajo en unión y coherencia generó resultados en todos los que allí estuvimos, una terapia multitudinaria, no puedo contar las experiencia de los demás, pero si mía. El Festival trajo para mi vida la fuerza interior para perdonarme a mí misma, trajo el perdón por alimentar el resentimiento de haber sido abandonada cuando era un bebé. El perdón abrió mi ser al amor incondicional, liberó mi corazón de la cárcel del dolor y la pena, el perdón me permitió ser hija y disfrutar del amor del padre. El perdón experimentado en el I FESTIVAL, me ha hecho comprender que sólo tenía que perdonarme a mí misma para poder perdonar al otro. Comprendí por qué no fue posible organizar el II FESTIVAL en 2018, porque necesitaba poner en práctica lo integrado, pero aún no vivido. Fue solamente este mes de mayo de 2019 cuando el Universo me ha dado la posibilidad de comprobar la realidad del perdón. Invité a mi padre por primera vez a mi casa, un mes de convivencia, un mes que por primera vez en la vida, pude sentirme y dejarme ser hija, ser amada y cuidada por mi padre y también cuidar de él. Este fue el por qué es ahora, no podría estar frente a vosotros, si mi SER aún estuviera aprisionado.

El perdón me trajo la libertad después de 52 años de cárcel, en que la prisión era mi propia dificultad para perdonar, y sólo después del I FESTIVAL y todo lo que la experiencia me proporcionó puedo reconocer que yo misma, he sido el juez de mi propia condena y fue solo cuando me perdoné a mí misma que pude alcanzar la comprensión de lo que era perdonar al otro. Si alguna vez has hecho algo de lo que te arrepientes, no estás solo, de hecho, estás en compañía. ¿Cuantas personas hay en el planeta?

Te invito ahora mismo, a auto-perdonarte. Es quizá una de las cosas más complicadas, porque solemos ser nuestros más severos jueces; pero no hacerlo nos lleva también al auto-reproche e incluso al auto-castigo, limitando nuestra realización plena y a veces motivando la auto-destrucción. Mi consejo es que empieces abrazando tu propia humanidad, aceptándote a ti mismo como un ser humano imperfecto, pero con infinitas posibilidades de transformación.

La práctica del perdón demuestra sabiduría, amor y coraje de quien lo ejercita. Sabiduría al entender el camino; amor al ofrecer lo mejor aún ante la adversidad y coraje al no desistir de aliarse con los sublimes principios del Universo en el momento más difícil de la batalla. Sólo un verdadero guerrero que trae en su escudo el Signo de la Luz tiene la grandeza de perdonar.

 

El perdón es la llave de la libertad y de la paz. El perdón es la única cura posible. El perdón es sabio porque libera; es un acto de amor porque permite que la vida prosiga. Cambiar las piedras de la intolerancia por las alas del perdón te devolverá la ligereza necesaria.

El perdón es un ejercicio espiritual, así como una maratón es una actividad física. Nadie nace apto para enfrentar toda esa distancia. No obstante, si se acepta el desafío y comienza a correr todos los días y, poco a poco, alarga los límites con determinación y coraje, con seguridad alcanzará el objetivo. Así sucede con el perdón. La primera meta es no desear el mal al otro al entender que aquella actitud te aprisiona en la misma cárcel oscura en que él se encuentra. ¡Esto es liberador! Alcanzada esa etapa, subimos un escalón que consiste en desear el bien a quien le hizo mal, con toda la fuerza que haya en su corazón, despojándose de las emociones ancestrales de deseo de venganza, ofreciendo nuevas oportunidades de aprendizaje y mejoramiento. Sólo así paramos de irrigar el mal que también habita en nosotros. ¡Esto es transformador!

ES IMPOSIBLE SER FELIZ SIN PERDONAR, Por ello te invitamos a venir al II FESTIVAL DEL PERDÓN.

Sheila Cavalcante

Idealizadora del FESTIVAL DEL PERDÓN.

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